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Emisiones de GEI a la atmósfera  
Existe un consenso total en la comunidad científica a la hora de culpar del fenómeno de cambio climático al aumento de concentración de gases de efecto invernadero generados por las actividades humanas.
La realidad es que sin la presencia natural de algunos de estos gases en la atmósfera, como el vapor de agua y el CO2, creando el conocido efecto invernadero, la Tierra sería un lugar muy diferente al que ahora conocemos, con temperaturas medias 33 grados por debajo de las actuales. Pero las emisiones de origen antropogénico de estos gases, que han mantenido un crecimiento exponencial desde el comienzo de la era industrial, con la quema masiva de combustibles fósiles, ha potenciado este efecto, amenazando actualmente la salud del clima.
El Protocolo de Kyoto recoge seis grupos de gases causantes del cambio climático:
- Dióxido de Carbono, CO2
- Metano, CH4
- Óxido nitroso, N2O
- Hidrofluorocarbonos, HFC
- Perfluorocarbonos, PFC
- Hexafluoruro de azufre, SF6
No obstante, el dióxido de carbono es el que más interés y preocupación genera. A este gas se le achaca el 78% del impacto sobre el clima. Es por este motivo, que para contabilizar el impacto global de todos los gases, se ha establecido como unidad de medida la tonelada de CO2 equivalente.
Desde el inicio de la revolución industrial, cuando se comenzó a quemar grandes cantidades de combustibles fósiles para cubrir las necesidades de energía de los procesos industriales, hasta hoy, la cantidad de CO2 en la atmósfera se ha incrementado de manera continua en un 32%. Asimismo, el metano, el óxido nitroso y otros gases de origen antropogénico potenciadores del efecto invernadero, también han visto aumentada su concentración en la atmósfera de una manera notable.
La quema de los combustibles fósiles desprende calor y libera C02. De esta manera, la concentración de CO2 no ha dejado de aumentar desde el siglo XIX porque las emisiones antropogénicas superan la capacidad de absorción de los océanos, como sumideros de este gas, que, en condiciones normales aportan CO2 a la atmósfera si ésta sufre una disminución del citado gas.
El crecimiento demográfico y el actual modelo socioeconómico originan una gran presión sobre la capacidad autorreguladora de la atmósfera lo que está conduciendo a una situación próxima a sus límites y, según algunos científicos, sobrepasándolos.
Las causas principales distintas de emisiones de GEI varían según los hemisferios del planeta. Así en el hemisferio norte, las causas principales están asociadas a la generación de energía, a la producción industrial y al transporte; mientras que en el hemisferio sur, las causas principales se derivan del cambio en los usos de la tierra, capitalizado fundamentalmente por la quema de masas boscosas para su transformación en tierras de cultivo o pastizales.
Es preciso señalar que en los últimos años las emisiones de CO2 por unidad económica del sector productivo en la mayoría de los países industrializados (excepto algunos casos, entre ellos España) se han reducido. Las razones de esta disminución hay que encontrarlas en la introducción de tecnologías más eficientes, al auge del sector servicios y al desplazamiento de las empresas más contaminantes a los países menos desarrollados.
Sin embargo, el crecimiento constante de estas economías así como los importantes aumentos de emisiones en otros sectores como el transporte y el sector doméstico, han hecho que la cantidad de emisiones totales de GEI de origen humano hayan aumentado considerablemente. Como dato revelador de la magnitud y no sostenibilidad del consumo actual de combustibles fósiles, puede indicarse que el consumo mundial en un año de carbón, petróleo y gas natural equivale a la cantidad que al planeta le costó un millón de años formar como depósito geológico. Al mismo tiempo, este consumo anual inyecta en la atmósfera más de seis mil millones de toneladas de CO2.
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