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Política de compensación

POLÍTICA DE COMPENSACIÓN DE CEROCO2

La compensación de emisiones de CO2 consiste en la aportación voluntaria de una cantidad económica, proporcional a las toneladas de CO2 generadas aquí, para un proyecto en un país en vía de desarrollo que persigue específicamente:

  • Captar una cantidad de toneladas de CO2 equivalente a la generada en nuestra actividad, mediante la puesta en práctica de un proyecto de sumidero de carbono por reforestación.
  • Evitar la emisión de una cantidad de toneladas de CO2 equivalente a la generada en nuestra actividad por medio de un proyecto de ahorro o eficiencia energética, de sustitución de combustibles fósiles por energías renovables, de tratamiento de residuos o de deforestación evitada.

La política de compensación de CeroCO2 se basa en estas dos premisas:

  1. El cambio climático es un problema global; las emisiones de CO2 que se realizan en un punto determinado afectan a todo planeta. Del mismo modo, las reducciones de emisiones que se realizan en un lugar contribuyen a disminuir el calentamiento de todo el planeta.
  2. Según el IPCC, para estabilizar el clima es necesario que los países industrializados reduzcan sus emisiones de CO2, y países en vías de desarrollo logren un desarrollo limpio, aprovechando la transferencia de recursos y tecnología.

CeroCO2 propone la utilización de ambas vías para afrontar el cambio climático. Así por ejemplo, una empresa ubicada en España siempre debe en primer lugar reducir sus emisiones, es decir, las de sus actividades propias y las de sus instalaciones en España. A pesar de reducir emisiones, la empresa sigue emitiendo carbono (es difícil llegar a Cero), y es aquí dónde CeroCO2 recomienda la compensación de emisiones en países del sur.  La compensación de emisiones es por tanto una actividad complementaria a la reducción que tiene el doble objetivo de luchar contra el cambio climático y contra la pobreza.

LOS PROYECTOS DE COMPENSACIÓN

Los proyectos de compensación de CeroCO2 se enmarcan en el Mercado Voluntario de Carbono.

Los proyectos de compensación de CeroCO2 están localizados en países en vías de desarrollo y tiene el doble objetivo de lucha contra el cambio climático y lucha contra la pobreza. Por lo tanto  deben:

  • Ayudar a mitigar y adaptarse al cambio climático.
  • Contribuir al desarrollo  socio-económico y a la mejora de las condiciones de vida de las comunidades locales donde se desarrollas.
  • Proteger, conservar y mejorar la biodiversidad.
  • Generar reducciones de carbono cuantificables y verificables (VER) utilizando las metodologías reconocidas por los diferentes estándares  internacionales del Mercado Voluntario de carbono.

POR QUÉ LOS PROYECTOS SE DESARROLLAN EN PAÍSES EN VÍAS DE DESARROLLO

CeroCO2 considera que los proyectos de compensación de emisiones deben realizarse países en vías de desarrollo y no en los países desarrollados (donde, no obstante, se tiene que seguir con el esfuerzo de reducción) por las siguientes razones:

1. Por razones de integridad ambiental.

La compensación de emisiones debe de ser adicional, es decir, con la compensación de emisiones tenemos que conseguir reducciones de emisiones que no tendrían lugar si no fuese por la aportación económica que supone la compensación. En este sentido, los países desarrollados y entre ellos España, tienen sus compromisos de reducción de emisiones establecidos en el protocolo de Kyoto. Así, a nivel gubernamental se van desarrollando estrategias y planes para alcanzar esos objetivos de reducción que a la larga implican a las empresas y otras entidades a través de la legislación. Si hacemos compensación a través de proyectos en España contribuimos a alcanzar los objetivos, pero esas reducciones deberían tener lugar igualmente porque España ha asumido ya el compromiso de Kyoto. Sin embargo, los países en vías de desarrollo no tienen ninguna obligación para reducir emisiones, es decir, no tienen incentivos si no es a través de la compensación de emisiones. Así, hay proyectos que existen y están reduciendo emisiones solamente porque van a ser usados para compensar emisiones. Sin esa compensación el proyecto no existiría y las reducciones no tendrían lugar. Se trata por tanto de reducciones realmente adicionales, que no tendrían lugar si no fuese por la compensación.

Ejemplo:
Una de las políticas de lucha contra el cambio climático en España podría ser la política forestal. Si una empresa hiciera una reforestación estaría ayudando a esa política, pero la reforestación se debería hacer igualmente y se alcanzarían las reducciones de emisiones sin la participación de la empresa, porque España tiene un compromiso por el Protocolo de Kyoto. Sin embargo, con la reforestación en países en vías de desarrollo (dónde la deforestación es un grave problema ambiental, con nocivas consecuencias sociales, y una de las mayores fuentes de emisiones) sí estamos consiguiendo reducciones más allá de los compromisos de Kyoto.

2. Por razones de justicia social.

La compensación de emisiones en países en vías de desarrollo significa una transferencia de recursos y tecnologías a los países más pobres. Gracias a la compensación de emisiones, se pueden financiar, por ejemplo, instalaciones de energías renovables en países en vías de desarrollo o mejoras en la eficiencia energética. Sin ayuda de la compensación, estas instalaciones son demasiado caras como para ponerlas en marcha por lo que los países del sur recurren para su desarrollo a fuentes de energía más baratas, como la quema de combustibles fósiles. Sin embargo, las energías renovables están plenamente desarrolladas y son competitivas en países como España. No tiene sentido compensar a través de proyectos que son totalmente viables y casi “business as usual” en los países desarrollados.

Ejemplo: Si dedicáramos recursos financieros a apoyar un proyecto de fotovoltaica en España, estamos dedicando recursos a una instalación que ya es competitiva de por sí, y que además ya recibe incentivos a través del sistema de primas para el fomento de las energías renovables, y por otra parte los estamos detrayendo de posibles proyectos similares en países en vías de desarrollo, dónde no son viables sin este tipo de ayudas.

3. Por razones de rigurosidad y contabilidad.

No existe una metodología ampliamente difundida ni un registro de proyectos que generen reducciones para compensación ubicados en España. Si nosotros implantáramos un proyecto para absorción o reducción de emisiones en España no contaríamos con registros que facilitaran el asegurar de quién son las reducciones generadas, y no sería fácil asegurar que las reducciones no se usan o contabilizan dos veces (doble contabilidad). Sin embargo, estas metodologías y registros están ya en marcha para los países en vías de desarrollo a partir del Protocolo de Kyoto y los diferentes estándares del mercado voluntario de carbono, lo que facilita la contabilización y seguimiento de las reducciones.

Ejemplo: Si instalamos una central fotovoltaica en España, no quedaría del todo claro si las reducciones pertenecerían a la propietaria de la instalación, o al Estado, (ya que paga una prima por la electricidad generada) o a la eléctrica (que está comprando toda la electricidad generada). Por otra parte, no hay hoy por hoy mecanismos que aseguren que esas reducciones no se utilizan con diferentes finalidades y se contabilizan varias veces, por ejemplo para el mercado obligatorio europeo y a la vez para compensar emisiones.

4. Por razones de viabilidad.

Centrándonos en reforestación en España existen más riesgos de incendios debido a los largos periodos de sequía. Además, los árboles de bosque mediterráneo tienen una tasa de absorción de CO2 menor que los de la selva tropical ya que su crecimiento es más lento.

Ejemplo: Compensar grandes cantidades en España a través de reforestación resulta inviable por la cantidad de espacio necesario. Un árbol en España absorbe una media de 200 kg en unos 30 años, y sus posibilidades de supervivencia son mucho menores que en los países tropicales.
Finalmente, reiteramos que la compensación de emisiones debe ir siempre acompañada de la reducción de las propias emisiones. Hay que señalar también que la compensación no es un “lavado de cara” sino un compromiso voluntario por asumir la responsabilidad ambiental de cada uno. Además, al suponer un coste, la compensación voluntaria de emisiones se convierte en un incentivo a la eficiencia y a la reducción, ya que cuanto más se reduzcan las emisiones propias menor será la cantidad a compensar y menos coste supondrá.

Ejemplo: si una empresa decide compensar anualmente todas las emisiones de sus oficinas, cuando evalúe los costos y retornos de una inversión en eficiencia energética tendrá en cuenta los costes de las compensaciones, y el análisis será más favorable a la eficiencia que si no llevase a cabo la compensación.

 

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